Está en Faro. En el casco antiguo de la ciudad que se conoce
como “Vila-Adentro” o “Cidade Velha”. Tiene, incluso, una pequeña historia: se
cree que la muralla fue construida antes de la invasión romana. Se reconstruyó
en el siglo IX. A lo largo del tiempo se hicieron varias reconstrucciones. Los
últimos en habitarlas fueron los árabes. Se volvió a derrumbar con el terremoto
de 1755. En las últimas décadas del siglo XX, se va recuperando. Hoy en día, se
puede disfrutar del paisaje fantástico.
Cuando era pequeña mis padres me solían llevar allí para ver el mar y observar como los pájaros volaban sobre el agua mientras el sol quedaba reflejado en ella. Me decían que mirase bien como eran libres los pajaritos y, que, algún día, yo podría ser como ellos. Libre de cargas o problemas.
Al pasar los años, este pasó a ser mi sitio especial al que recurro cuando tengo un día menos bueno o porque simplemente necesito pensar. Es el mejor sitio para desconectar de todo y sentirme libre, ¡creedme!
La mejor hora para ir allí es al final del día, cuando el sol se está desvaneciendo. Yo, personalmente, lo prefiero. Además, opto por acudir a él sola aunque las personas más cercanas a mí también lo conocen.
Espero que algún día podáis disfrutarlo también. Y ¡ojalá os haga sentir tan bien como me hace a mí!
